domingo, 27 de noviembre de 2011

Placeres sencillos


Saber recuperar los placeres simples. El de beberte un vaso de agua con auténtica sed, no porque sea lo correcto y adecuado dietéticamente, ni toque para completar el litro y medio diario. Hacerlo de una vez, sin respirar, como si fuese el último de tu vida, igual que cuando subías a casa sudando después de jugar al balón prisionero en la calle. Soltar el vaso sobre la mesa vacío, mientras recuperas el ritmo normal de tu respiración, no tanto por el esfuerzo de haber subido las escaleras a toda prisa, como entonces, sino por el ansia infantil con que has vaciado el vaso. Sentir que ese momento es una gota en el océano, y no saber por qué, pero estar segura de que lo recordarás siempre, a pesar de su pequeñez, o precisamente por eso.

4 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Maravilloso.

Al Neri dijo...

Ahora nos gustan los placeres a lo gramde y los lujos, y ya no somos capaces de valorar lo pequeño, que, a la larga, es lo más valioso.

Alice vio la luna... dijo...

Precisamente por eso, Teresa, justo.

Un beso,

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Jesús.

Pues no sé qué decirte, Al Neri, a mí los grandes lujos me abruman bastante, no les veo el equilibrio entre valor y precio. Nunca he dejado de valorar lo pequeño. Por cierto, bienvenido.

Otro beso para ti, Arancha.