miércoles, 14 de diciembre de 2011

Novedades

 Desde que soy estudiante, me estoy dando cuenta de algunas cosas:

1) Ya no soy la empollona que fui. Sigue gustándome hacer las cosas bien, pero ya no es ninguna tragedia la posibilidad de hacerlas regular o, simplemente, no hacerlas. Estoy descubriendo en mí una vena rebelde que me gusta y me asusta a partes iguales. Me gusta porque trae consigo la sensación de tener las cosas claras y seguir adelante con ellas, pese a quien pese. Me asusta precisamente por lo mismo: por el espíritu "bulldozer", que no para frente a ningún obstáculo, ni lo bordea, sencillamente pasa por encima. No estoy acostumbrada a ser así, pero tampoco puedo evitarlo en estos momentos. Digamos que me he ido un poco de mis propias manos. Y eso es un poco intimidante. Y raro.

2) Entre la mucha gente que las clases me están permitiendo conocer y tratar, hay personas de todas las edades. El abanico va desde los dieciseis hasta los sesenta y muchos. Un campo tan amplio que, lógicamente, me sitúa en un término medio en el que se da una curiosa situación: para algunos de mis compañeros soy una cría, podría ser su hija. Para otros, por el contrario, tengo una edad similar a la de sus madres, y, sin embargo, estoy a su mismo nivel en clase. Es chocante, y divertido, porque me llevo bien con gente de ambos extremos, quizás porque en ningún momento les trato como a viejos a unos, ni saco mi lado maternal en el otro. Creo que en ese sentido tengo una flexibilidad mental que me permite saltarme los estereotipos y nunca prejuzgar a nadie. Lo cual no significa que todo el mundo me caiga bien, para nada: pero si alguien me cae mal, es porque me ha dado razones suficientes para que termine pensando así, se lo ha ganado a pulso.

3) Este año he abarcado muchísimo y me es imposible apretar más. Sobrevaloré mis fuerzas, y la realidad me ha puesto sobre la mesa las cosas tal y como son. Soy mujer, sí, pero en modo multitarea soy totalmente masculina. Y no me gusta la sensación de chapucearlo todo y no hacer realmente bien nada (a pesar del punto uno). Así que tomo nota y aprendo para el año que viene. Este tendré que arreglármelas como pueda. 

4) Mi vida social está enriqueciéndose muchísimo. Aparte de la gente de las clases. Estoy conociendo a muchísimas personas nuevas en los últimos meses. Evidentemente no todas ellas van a pasar a formar parte de mi círculo más íntimo o querido, pero está claro que si hay mucha variedad, más posibilidades hay de que entre tanta gente alguno se quede, después de que el tiempo y las circustancias hagan una primera criba. Es esta una situación totalmente nueva para mí, la antisocial, la sosa, la tímida, la incapaz de relacionarse con soltura. Y no deja de sorprenderme que, después de todo, no se me está dando del todo mal. Y lo que es más curioso todavía: la imagen que la gente se lleva de mí está siendo mucho más favorable de la que siempre pensé que daba al exterior. Mi autoestima, lo reconozco, no hace más que ronrronear en los últimos tiempos.

8 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

¡Hey! ¿Qué quieres decir con eso de que en modo multitarea eres totalmente masculina?

Pero no me contestes ahora, que estoy bebiendo agua de un botellín y no puedo estar a todo a la vez...

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajaja... Bueno, Jesús, esa es la leyenda negra que se os atribuye, y a nosotras que somos como polvorillas que hacemos mil cosas a la vez y todas bien.

neoGurb dijo...

Suscribo totalmente el punto uno, y también me parece un paso adelante, por mucho que sea empeorar lo que uno antes hacía supuestamente tan bien. Pero los cuerpos ya no están para tantas jotas, y me doy cuenta de que hay otras muchas cosas que atender, y que más vale aprobarlas todas que suspender las más importantes: dormir bien por la noche, atender a la familia, divertirse con lo que uno hace.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Neo, estoy contigo. Malo, no es. Se me hace raro, han sido muchos años, pero siempre se está a tiempo para cambiar, para evolucionar en este caso. ¿A peor? Pues quizás objetivamente hablando. Pero lo cierto es que me he liberado de mucha angustia y stress, y he descubierto una sensación bastante parecida a la libertad que mola mucho.

Anónimo dijo...

Hay un momento, hay una sensación, la de que entra aire por la nariz y llega a la garganta, después de estar congestionado mucho tiempo. Siempre que te leo, me lo recuerdas. Me gusta la sonrisa que tienes en la foto, es muy abierta para quien se define como persona poco sociable ¿no te habías dado cuenta?.
Me alegra saber de ti de nuevo.

Susana

Miguel Baquero dijo...

Está bien que ronronee esa autoestima...
Yo muchas veces he pensado en cómo sería de volver ahora, de pronto, a clase, y me identifico mucho con lo que dices en el primer párrafo: cosas que cuando era estudiante me agobiaban ahora yo creo que tendría la madurez suficiente para pasar por encima de ellas e ir a lo principal, que está al fondo de esos pequeños pero engorrosos obstáculos.

Mauro Navarro dijo...

Llega un momento en la vida, sobre todo volcados los cuarenta,en que la capacidad de analisis de lo que nos va ocurriendo se hace de una manera pausada y todo parece que transcurre mas aprisa. Aprendemos que no todo en la vida es perfecto, admitimos nuestras carencias con naturalidad y nos vamos dando cuenta de que la vida es un pasar en el que hay que tener buena salud,(requisito indispensable para disfrutarla con intensidad), y ante todo mala memoria para olvidar a los malos rollos que a nada conducen y tanto nos amargan la existencia. Me siento retratado en tu escrito. Un abrazo y a continuar con alegría por estos lares.

1730 dijo...

Hola Teresa!

Qué alegría me das con tu reencuentro con la vida de estudiante.
Yo este año también me propuse volver a estudiar y reciclarme un poquito (falta me hace), y aunque empecé con muchas ganas, creo que al final no voy a poder sacarlo adelante. Digamos que mis responsabilidades familiares (2 niños pequeños) y la falta de apoyos (de mi pareja principalmente) me lo hace prácticamente imposible.

En fin te envidio y espero algún día poder seguir tus pasos, no solo en potencia también en acto.

Un saludo y ánimo.
Feliz Navidad.