miércoles, 11 de enero de 2012

Un buen comienzo

 De repente mis días están repletos, mi agenda se llena el mes antes, y ando desbordada. Pensando igual que pensaba antes, cuando tenía todo el tiempo del mundo y nada entre manos. E igual que entonces, me entusiasmo, pero ya no puedo hacerlo de la misma manera, porque cada vez hay menos huecos y más cosas que hacer. De nuevo me toca reesctructurar mi mente, porque la Teresa libre y disponible a la que nadie echaba mano ya es historia. Ahora tengo planes, asuntos pendientes, proyectos que me surgen y que, después de un primer impulso, tengo que dejar antes de empezar porque no puedo comprometerme a más cosas sin ser negligente en todas. Hay gente que me reclama, que quiere estar conmigo y yo con ella. En un rato organizamos una cena, y una noche más se convierte en una velada inesperadamente divertida y cálida. Cada vez me siento menos sola, porque realmente ya no lo estoy. Decir que no tengo tiempo ni para escribir aquí sería mentira, porque siempre se encuentra tiempo si se quiere. Lo que no tengo son ganas, el ánimo me inclina a hacer todas esas cosas que surgen casi sin que las busque, que se me ponen delante y no esquivo, porque sería estúpido, así que y las disfruto, y me meto tan de lleno en el instante, en vivirlas, que tener que pararme a contarlas supone dejar de hacerlas, aunque sólo sea durante un rato, y ese es un frenazo que me cuesta dar. Me ha costado darlo casi dos semanas. 

Por otra parte está Lea. Ya ha cumplido un año. A día de hoy forma parte de mi vida, del paisaje, de mis rutinas y de la familia. No diré que organizo mi vida en torno a ella (por suerte, no he caído en ese error), pero sí que la tengo en cuenta en mis planes, y es bonito. Es otro punto más que hace que esa sensación de soledad que he sentido tantas veces intermitentemente a lo largo de mi vida cada vez sea más difusa, un recuerdo lejano que que cada vez me visita menos.

Sigo sintiéndome de estreno. De una nueva vida que, cuando creo que ya no puede hacerlo más, me sorprende otra vez con un nuevo elemento positivo.

8 comentarios:

Fantastica dijo...

Hace tiempo que visité tu blog y lo leí con mucha avidez. Nunca lo marqué en mis favoritos ni guarde referencias, sólo me acordaba que era Teresa y ventana, así que Don Google me apuntó en la dirección correcta. Es lindo dejar de leer un blog durante un tiempo y luego volver y encontrarse con toda esta bella energía.

Alice vio la luna... dijo...

Pues andamos buenas: tú con la agenda repleta y yo en plena mudanza física y vital... ¿Nos quedará un hueco algún finde?

Me alegra tu alegría.

Besitos,

Carmen dijo...

Qué bien, Teresa.

Pero no dejes el blog, por favor.

Teresa, la de la ventana dijo...

Menudo mesecito, ¿eh, Peñas? Lo cierto es que ver llenarse los huecos del mes siguiente poco a poco me resulta aún tan emocionante que me siento como una niña chica. Ah, que no se me olvide: Lea te envía un lametón. :-P

Vaya, Fantástica, me alegro de que estés de vuelta y te siga gustando lo que ves por esta ventana. Re-bienvenida.

Bueno, Arancha, todo es cuestión de organizarse y si no hay hueco, hacerlo. En cuanto veas que andas más tranquila y con ganas de verme, ya sabes dónde estoy.

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, Carmen, te me has colado mientras respondía...

No, no voy a dejar el blog, seguiré con mi ritmo irregular de publicación, pero volveré siempre, me conozco...

Peque dijo...

Mientras sea por algo bueno, escribe poco, y disfruta muuucho de todo lo que puedas

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso hago, Peque. Justamente eso.

neoGurb dijo...

Es un placer leerte, y más cuando dices cosas como estas. Pero si alguien llegase aquí por primera vez, podría interpretar que algo de eso te ha caído del cielo. Todo lo que ahora te llega ha sido gracias a tu trabajo, a tu empeño por levantarte sobre tus pies, a tu amor propio: amor a ti misma.