sábado, 4 de agosto de 2012

Espejismos

Pero el corazón es obstinado. Cabezón. Y se acostumbra fácilmente a lo bueno. No es sencillo volver atrás cuando has conocido lo mejor. Pero has de hacerlo cuando eres consciente de que no estás en tu sitio. Que te inviten a un restaurante bueno un día no significa nada más que un día tuviste suerte y comiste como un señor. El resto del tiempo tienes que conformarte con lo que puedes permitirte, y saborearlo, sacarle el máximo partido posible con imaginación y habilidad, y comértelo con ganas. Si otro día se repite la carambola y, mira tú por donde, de nuevo te llevan a cenar cosas finas y carísimas, saca tus mejores galas, pon cara de rica y disfrútalo al máximo. Atesora cada matiz, cada sabor, para cuando tengas que abrir una lata de sardinas a la hora de la cena. Sabiendo que eso es lo raro. Lo excepcional. Que tu vida, la de todos los días, es la del puchero y las chuletas de oferta, y no la de la Espuma de ibéricos con bruma de ahumados sobre lecho de huevos de chorlito a la trufa. Date con un canto en los dientes si has llegado a probarla. No hay mucha gente que lo haya hecho. Pero no te engañes: dar por hecho que tienes derecho a eso te llevaría a un error doloroso: una vida de falso lujo que no puedes permitirte, y que, no tardando, te pasaría factura.

0 comentarios: