jueves, 20 de septiembre de 2012

Miss Honky reloaded

Parece mentira que sea tan previsible incluso para mí misma, pero como era de esperar ha sido terminar agosto, refrescar un poco y entrarme ganas de vivir. Lo cual incluye leer, escribir, hacer manualidades, cocinar, salir, pasear... El verano me anula cada año, y todas las veces me sorprende casi tanto como me fastidia. Estoy hecha para el tiempo gris, aunque me guste el sol, pero en pequeñas cantidades y siempre para animar un paisaje lluvioso. No sé qué demonios hago viviendo en plena meseta castellana, pero me gusta el pueblo y la casa donde vivo, así que me temo que tendré que soportar (espero hacerlo...) muchos veranos agotadores y demoledores.

Dentro de dos semanas empiezo mis clases. Este año sigo y termino con el inglés, y retomo, aunque empezando otra vez en el nivel inicial, el teatro. Me gustó mucho mi primera toma de contacto con la cosa interpretativa del año pasado, así que de nuevo me he apuntado a la escuela municipal, que desde este curso gestiona la compañía Yllana. Dos años por delante y muchas ganas de aprender.

El verano ha sido un tiempo de sorpresas y descubrimientos. Igual que el resto de este año. Supongo que llegaré a un punto en el que la cosa se tranquilice un poco y mi vida sea tranquila y sosegada, pero no ha llegado todavía, me parece. Estoy a gusto conmigo y con la gente de la que me he ido rodeando. Disfruto de una soledad relativa que me gusta, pero que no me agobia, porque no me siento sola, aunque a veces lo esté, lo necesite y me haga bien. Un equilibrio bastante agradable éste, porque juego con las ventajas de la independencia y la libertad sin por ello sentirme desamparada o aislada en ningún momento.

El otoño me apetece y me ilusiona. Y hacia él me dirijo. Sin mirar atrás. ¿Para qué? Lo mejor está por llegar.

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