jueves, 8 de noviembre de 2012

Opciones vitales

La vida te pone delante personas que no esperabas, que nunca hubieses imaginado meter en tu vida. Puedes esquivarlos, y seguir tu camino, y seguir buscando, de acuerdo con tu plan inicial. Es una opción, quizás la más sensata, la menos arriesgada, la más controlable. Pero no es la mía. No es que crea en el destino, ni nada de eso, pero sí en que hay casualidades que pueden cambiar el rumbo que tenías previsto en tu cabeza, y eso no es malo, de entrada. Aunque a la larga pueda ser nefasto, claro está, pero también está ahí la posibilidad de que sea algo que dará la vuelta a tu existencia para mejor. Nunca hago fuerza para oponerme contra esa tendencia caprichosa de la vida de ponerme en situaciones inesperadas o con gente que nunca hubiese imaginado a mi lado. No es que me deje llevar así, sin más, pero cuando algo ocurre sin que yo lo haya decidido, dejo un pasar un tiempo, para ver qué pasa. Muchas veces es un horror, y cuando quieres parar es tarde. Pero siempre, tanto cuando las cosas salen bien como cuando salen mal, hay un entremedias bueno, interesante como poco, que no quiero perderme. Soy curiosa. También optimista. Con ese margen de acierto-error, juego. Y no me va mal, la verdad.. 

Por eso, porque el camino es lo que realmente tiene importancia, asumo el posible dolor, como precio de una posible felicidad, incluso si trastoca mis planes iniciales. Soy de implicarme mucho, de encariñarme hasta con quien no lo merece, de dar muchas oportunidades antes de tirar la toalla, y por eso mismo sufro a menudo, pero el resto del tiempo me siento más viva que la mayoría de los que viven poniéndose la tirita antes de hacerse la herida. Yo nunca lo he hecho. Ni cuando me corto. Las heridas, todas, se curan mucho mejor al aire.

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