martes, 26 de marzo de 2013

Cosy attitude


Las vacaciones de Semana Santa de este año se presentan hogareñas. No me moveré de casa, y no sólo no me importa, sino que me encanta la perspectiva de leer, vaguear, jugar con la perra, salir de paseo si deja de llover, probar a hacer algún pan nuevo o tomarme un té caliente después de la correspondiente siesta, en el sofá y bajo la manta. Soy casera, y siempre lo he sido, más feliz entre mis cuatro paredes que en el lugar más maravilloso de la tierra.

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte, he dejado de viajar. No radicalmente, pero casi. Sigo yendo en Navidad a la Galia, con la familia, pero se acabaron los veraneos de un mes por el extranjero. Au revoir. Aparte de que mi bolsillo no me lo permite con las mismas alegrías que antaño, pero es que tampoco me apetece como entonces. Ahora se me hace bastante más cuesta arriba, porque supone irme sola, y viajar sola, por mucho que digan que es grato y como más se interactúa y mejor se conoce el sitio que visitas, no me seduce lo más mínimo. Reconozco que me asusta. Me da miedo que surjan problemas logísticos, o aburrirme como una ostra y querer venirme a los dos días. Pero sobre todo me da pena no poder compartir los momentos bonitos, las risas, las sorpresas. Llevo bien la soledad, pero en determinados momentos tengo que esquivarla. Y los viajes es uno de ellos. Uno de esos puntos negros de la autopista en los que soy débil y vulnerable. Tengo asociados a los viajes demasiados buenos recuerdos que, lejos de reconfortarme, se presentan en tromba y me impiden disfrutar del ahora. Sí. Duele. ¿Dejará de doler algún día? Seguramente. O sólo será una leve molestia, un picor ligero en la cicatriz. Pero tendrá que pasar más tiempo.

Así que, de momento, prefiero refugiarme en el calor de la casa, la sonrisa de mi perra y estrenar costumbres y rutinas que sólo me pertenezcan a mí. Ser capaz de crear recuerdos nuevos que no me arañen el alma cuando, dentro de un tiempo, se me presenten. 

Y sí. Creo que lo estoy logrando... El mundo seguirá ahí, esperando que lo recorra, cuando esté  preparada.

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