viernes, 1 de marzo de 2013

De lo nuevo y lo viejo


Lo nuevo es mi Kindle. Cuando mis cuñadas me pidieron ideas de regalos para estas últimas navidades, no se me ocurría nada. Será que no soy caprichosa, que sigo tan minimalista como últimamente, pero por más vueltas que le daba, nada, no había manera. Hasta que, de pronto, se me hizo la luz. ¿Y si les pedía un libro electrónico? No era algo que quisiera especialmente, es más, yo nunca me lo hubiese comprado, no me llamaba la atención gran cosa. Además, tengo montones de libros en la estantería de "Pendientes de leer", así que exponerme al diógenes digital era todo un peligro que no me llamaba nada. Pero ¿y si me lo regalaban? Si no me gustaba mucho, podía re-regalarlo, o venderlo en E-Bay. Pero no. Tengo un Kindle y, para mi sorpresa, me encanta. Hasta el punto de que está desplazando a mis lecturas en papel. Lo poco que pesa, lo cómodo que es para leer, los diccionarios incorporados..., en fin, que me tiene enamorada. 

Lo viejo es D. Benito. He vuelto a retomar la lectura de los "Episodios Nacionales", que me dejé a medias en el hospital, hace ya más de dos años. Necesitaba dejar pasar un tiempo, dejar de tenerlos asociados a unos recuerdos poco agradables, y el hecho de leerlos en el Kindle ayuda. Ahora estoy con la tercera serie, y, de nuevo, ando fascinada con la maestría de Pérez Galdós. La parte mala es que, como siempre que leo algo que me gusta mucho, las ganas de escribir cosas mías son inversamente proporcionales. O sea, que no escribo. Nada. Y no me preocupa, aunque a veces me sienta un poco culpable de desperdiciar un talento que sé que tengo. Pero, qué demonios. El mundo sobrevivirá y seguirá girando sin mis novelas, estoy segura.

2 comentarios:

neoGurb dijo...

El Kindle es, de todos los regalos que me han hecho en mi vida, el mejor. Por muy enganchado que esté al ordenador, por mucho que me gusten las pelis, lo que más me sigue gustando en el mundo es leer. Y yo, que nunca he tenido el fetichismo de la bibliofilia, no echo de menos el tacto ni el peso de un libro de papel. Es un invento.

Y qué curioso: Don Benito también me está esperándome ahí, a un par de libros de distancia.

Teresa A. dijo...

A mí me ha cambiado la vida, y no es exageración, porque yo sí que he sido muy fetichista y amiga del papel, y ahora lo miro con desdén. Quién me lo iba a decir a mí...

Me encanta verte por aquí, Neo. Esto no sería lo mismo sin ti comentando. Un beso gordo.