jueves, 21 de marzo de 2013

De los abrazos y sus tipos (I)



Un abrazo puede definirse, de entre muchas maneras, como el acto en el que dos cuerpos, humanos ambos, o al menos uno de ellos, establecen un contacto físico en el que los miembros superiores son los principales protagonistas. Ese contacto se caracteriza por el ejercicio de una presión de intensidad variable sobre otro cuerpo con las extremidades superiores, pero en todos los casos de manera cordial, aunque no necesariamente sincera. El contenido afectuoso, sea cierto o fingido, diferencia claramente a los abrazos de otros contactos físicos en los que los brazos también actúan, como son las bofetadas, los cachetes o los puñetazos. Bien es cierto que un abrazo dado con excesiva fuerza puede ser tan doloroso o más que un guantazo dado sin convicción y con la mano floja, pero en cualquier caso lo que cuenta es la intención de hacer o no daño, siendo la agresividad algo totalmente fuera de lugar en un abrazo. Como la propia palabra indica, aún a riesgo de resultar redundante, todo abrazo precisa de un par de brazos para poder llevarse a término, y es condición sine qua non para que se produzca. De ahí la necesidad inexcusable de que de los dos individuos implicados en un abrazo, al menos uno de ellos disponga de extremidades en la parte superior del tronco. Aunque lo más frecuente sean los abrazos entre miembros de la misma especie, bien del mismo o de diferente sexo, los seres humanos pueden abrazar a animales, a plantas, e incluso a seres inanimados. Ejemplos de ello son los abrazos que se da a los animales de compañía, en especial gatos, si se dejan, y perros, más dóciles y agradecidos a la hora de ser abrazados por sus amos. También es posible abrazar a los árboles, con efectos terapéuticos discutibles pero defendidos por ciertas corrientes místico-ecologistas. En cuanto a la materia inerte, se conocen casos extremos en los que algún individuo en estado etílico pero aún consciente, ha llegado a prodigar tiernos y afectuosos abrazos a farolas o luminarias del alumbrado público, con el mismo frenesí y cariño que si tuviera entre sus brazos a la mujer de sus sueños.
Los abrazos son expresiones de sentimientos o estados de ánimo que aparecen en múltiples situaciones de la vida diaria. Todos ellos tienen en común un acercamiento que rompe el perímetro de seguridad corporal, no escrito, pero real, que todo ser humano establece en torno a sí mismo. De ahí que sea importante saber qué tipo de abrazo es el pertinente en cada ocasión, a la hora de elegirlo para darlo y también para saber qué representa cuando es uno el que lo recibe.
Los abrazos pueden ser muy distintos, según la intencionalidad del que los da, o lo que es lo mismo, en el objetivo perseguido al proporcionarlos y/o recibirlos. Ciertas corrientes de pensamiento consideran que hay tantas maneras de abrazar como personas, pero esa afirmación supone una manera fácil de sortear la cantidad de matices, tan interesantes como decisivos a la hora de abrazar y ser abrazado, que intervienen en un acto tan inocuo en apariencia como trascendente en el fondo. A pesar de que sólo se trata de un contacto físico momentáneo entre dos cuerpos, los abrazos tienen una serie de efectos, inmediatos y secundarios, dignos de ser tenidos en cuenta, por sus virtudes curativas, turbadoras, euforizantes o reconciliadoras con el género humano. Bien es cierto que hay algunos abrazos que, bien sea por sus características propias o por el poco entusiasmo de los interesados en llevarlos a cabo, se olvidan a los escasos minutos de recibirse o darse, la mayor parte de ellos, cada uno en su género, modifican situaciones anímicas y pueden llegar a trastornar, en ocasiones muy seriamente, la naturaleza emocional de los implicados.
La tipología de abrazos que a continuación se detalla intenta poner un poco de orden en un universo, el del abrazo, tan apasionante como apasionado. Conocedores de las limitaciones de esta investigación, damos por hecho que son muchos los tipos de abrazos que quedarán fuera de este estudio. Eventualidad ésta que no nos preocupa lo más mínimo ni obstaculiza el disfrute que pretendemos sacarle al esfuerzo de sistematizar algo tan poco estudiado hasta la fecha. Sin embargo, no es nuestro objetivo recoger de manera científica y rigurosa todos los abrazos posibles o probables, sino definir, de una manera entretenida, pero no por ello menos seria, varias de las modalidades de abrazos más habituales, a fin de que el lector sepa qué debe hacer cuando, por ejemplo, se sienta triste y necesite que el mundo vuelva a girar a su velocidad normal, o en el caso opuesto, en el que lo que precise sea compartir su alegría o sus sentimientos amorosos con una persona determinada. El presente estudio servirá, o al menos ese es uno de sus objetivos, para saber qué hay detrás de ciertos tipos de abrazos que, demasiado a menudo, se confunden con otros de características muy similares, dando lugar a errores a veces lamentables, que en ocasiones han desembocado, tal y como puede comprobarse en la jurisprudencia matrimonial, en divorcios, o lo que es peor, en casamientos mal avenidos y prolongados tan inútil como dolorosamente en el tiempo. 

(Continuará...)

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