martes, 12 de marzo de 2013

Rojo Dos

Es el primero porque fue el primero. El primer blog que llamó mi atención, que me gustó por lo que contaba y cómo, el que me metió en el cuerpo el gusanillo bitacoril fue el suyo. Ceci n'est pas un weblog. Toma ya. Un buen título, ingenioso, y encima en francés. Tenía muchas papeletas para llamar mi atención, y lo hizo. Aunque podía haber sido sólo un nombre llamativo, no lo era. Detrás había alguien y mucha vida. Empecé a leer y retrocedí, pero lo más importante: me inspiró. Vamos, que me dio una envidia horrorosa, y decidí que yo también quería un blog, y uno así de bueno. Uno que hiciera a mis lectores volver a por más, releer lo viejo aunque ya supieran lo que iba a pasar, sentir que ese tipo era una buena persona, e incluso querer que fuese su amigo, que les importara lo que le pasase, que se alegrasen con sus alegrías y se entristeciesen con sus desgracias. Empecé a comentar, y pronto él también empezó a pasarse por mi casa. Se asomó a la ventana sin miedo, y ahí sigue todavía. La simpatía fue mutua y de ésas que no te explicas con una falta de mantenimiento absoluta: podíamos pasarnos meses sin saber uno del otro, épocas valle de apatía bloguera de uno u otro lado y, a la vuelta, el buen rollo seguía siempre ahí. Intacto. Una situación tan fluida y naturalmente grata que, durante años, aplazamos el siempre presente "a ver si quedamos a tomar un café y nos vemos de una vez". No fue sino hasta este verano que, quizás gracias a la inmediatez y cercanía que da Twitter, concretamos y, por fin, nos vimos. Rojo Dos era tal cual escribía, idéntico en la distancia corta a como se comportaba conmigo por escrito. Eso si, altísimo. No estoy acostumbrada a ir con gente mucho más alta que yo, así que a su lado siempre me siento canija. Pero en el cara a cara, las cosas fueron igual de bien que en la casilla de los comentarios o en los 140 caracteres. Sé que me aprecia de verdad, siempre me lo ha demostrado, y sé que él sabe que es recíproco. Es mi amigo virtual más antiguo, y a él le debo haberme atrevido a montarme un blog sin tener ni idea y a haber aprendido a bloguear como es debido. Así que sí, tenía que ser el primero, porque se lo merece. Y porque, aunque hace años que dejó aparcado su blog (la vida 1.0 le tiene demasiado ocupado), adora escribir, y lo hace muy bien. Por suerte, no ha dejado de hacerlo (no como otras... ejem...), y ahora ha empezado un blog que, igual que con el otro, me tiene totalmente enganchada. Esta vez es ficción, una novela policiaca que, cada día, por entregas, te deja con ganas de más y con el corazón en un puño, pendiente de la suerte que correrá el pobre ex-inspector Velázquez. Demasiada lluvia para un otoño cualquiera, se llama. Y no es amor de amiga, pero no tiene nada que envidiar a cosas escritas por gente como Lorenzo Silva o Domingo Villar. 

Grande, mi Rojillo.

3 comentarios:

Rojo dijo...

Tere...
Tú no lo sabes, pero en este momento estoy de color Pantone 485.

No se puede ser más adorable que tú. Y no dudes que voy a seguir aquí siempre cerca de ti. Pero no por este post, eh, sino por ti.

Teresa A. dijo...

Pues me alegro un montón de que te haya gustado, aunque te haya sacado los colores, jajajja... Te lo mereces, nen.

coro dijo...

Novela negra? me apunto!!!