domingo, 17 de marzo de 2013

Sola, pero bien acompañada


Este año hará tres que vivo sola. Emprendí la vida en solitario a los cuarenta y tres años, objetivamente tardísimo, y soy consciente de que podía haber sido un desastre. Porque yo salí de casa de mis padres con veintiséis años para irme a vivir con el hombre que terminó siendo mi marido durante tres lustros, así que no hubo una etapa intermedia de poder ser independiente y escorrearme a placer: hice las cosas, sin proponérmelo siquiera, a la antigua usanza. Y no lo eché de menos, la verdad. Pero de pronto, un día abrí los ojos y me encontré convertida en una cuarentona y en mis manos, la posibilidad de hacer lo que debería haber hecho con veinte.

Y ahora, desde la perspectiva que me da el tiempo transcurrido, tengo que reconocer que esa libertad no buscada es muy gustosa. Aunque no haga el uso que podría hacer de ella, porque no va conmigo ni con mi carácter pasar al extremo opuesto. No, no soy promiscua, y creo que no sería capaz de aprender a serlo, aunque me lo propusiera. Necesito sentir algo por las personas con las que me relaciono sexualmente, así que el abanico de posibilidades se reduce bastante. Tampoco me van los engaños, así que el target sigue menguando: bastantes de los hombres de mi edad con los que podría llegar a algo ya están emparejados, pero yo no valgo para ser la otra, la amante. Como le dije a uno, no me gusta chupar banquillo, y sólo salir a jugar un rato. Si juego, quiero ser titular. Si no, prefiero verlo por la tele.

Pero pensando en esa posibilidad, en la de llegar a ser titular, y jugar a tiempo completo, tengo claro que compartir mi vida con alguien no es una meta. Claro que me gustaría enamorarme otra vez, no voy a esquivarlo si me lo encuentro, pero no lo busco, ni me preocupa si no aparece nadie. Soy feliz así. Me siento a gusto viviendo sola, y no me veo metiendo a alguien en mi casa, y menos aún yo mudándome a otro sitio.  Me gustaría sentirme amada, y amar, pero, sin renunciar a esta soledad independiente que me he encontrado y que me gusta de veras. La posibilidad de un "Living apart together" está ahí, y creo que es la que mejor encajaría con la Teresa que soy ahora. Pero ¿qué dirá ese hombre que quizás se enamore de mí un día cuando le diga que sí, que vale, que yo también le quiero, pero mejor si sigue en su casa y yo en la mía? ¿Me mirará como a una marciana? Y lo que es más importante ¿me seguirá amando bajo esas condiciones?

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7 comentarios:

neoGurb dijo...

No es fácil nada en ese sentido. En veintimuchos años juntos, le he dicho miles de veces a mi Baronesa que si no estuviera con ella, no compartiría piso y vida con nadie. Digo yo que sería así. Pero siempre que lo digo, lo dudo a continuación.

Teresa A. dijo...

No sé, Jose, hay tanto tarado suelto... Y cobardes, ni te cuento...

Claro que no es fácil, Neo, ¿crees que no lo sé? Por suerte, el tema no me preocupa, pero está ahí, y a veces me da por pensar. Y como lo hago en voz alta, pues me sale un post. :-)

arati dijo...

Ya me irás contando, querida, estamos más o menos en las mismas...

Calamidad dijo...

Jo, de lo que uno piensa/desea que vaya a ser su vida a lo que después es... Siempre pensé lo que tú te planteas ahora: sola y bien acompañada, cada uno en su casa y dios en la de todos, etc. Las circunstancias no me han dejado hacerlo y la verdad es que aún no renuncio a ello (aunque lo veo chungo de veras).

Desde mi punto de vista creo que es la manera más sana de tener una pareja.

ginecomastia dijo...

excelente reflexion... me pasa lo mismo y solo tengo 33 años... es muy dificil renunciar a los espacios que brinda la solteria...
felicitaciones tb por el diseño del blog es muy bello
saludos

Portorosa dijo...

¡Teresa, estás aquí!
No lo sabía. Te he visto enlazada en "Mi cama es una barca" y he venido.

Me alegro de verte.

M y yo vivimos "apart together": para nosotros está bien así, tiene muchas cosas buenas (y algunas malas). No es inviable, desde luego.

Un beso grande.

Portorosa dijo...

(Qué hombro tan bonito)