viernes, 12 de abril de 2013

Días difíciles


Ésta que está a punto de terminar está siendo una semana rara, difícil, agitada. De esos días que hubieses querido ahorrarte, pero que como no puedes, lo solucionas pasando corriendo por encima de ellos, como si quemaran, nerviosa, impaciente, ansiosa por que acaben y queden atrás, dejando su espacio de siempre a tu rutina habitual, como si no hubiese pasado nada. Pero sí que habrá pasado algo, y aunque no sea malo, sí que supone un después que deja atrás, ya sí, una etapa. Un punto y aparte que te desvincula definitivamente de un ayer que aunque cercano todavía, ya es historia, y te lanza sin red al resto de tu vida.

Desde hace unos días, he estado moviendo papeles que han levantado polvo de otro tiempo y me han llevado de nuevo tres años atrás, poniéndome, lo reconozco, bastante triste. Y, otra vez, aunque nunca lo olvido del todo, me he dado cuenta de lo sola que estoy, aunque la soledad no me pese en el día a día. Sin embargo, a la hora de la verdad, sé que no cuento con nadie, salvo conmigo misma, y sin que me acobarde, me resulta un poco desolador.

Y cuando creía que todo era agua pasada, y ya no podía mover molino, vaya sí lo ha hecho. Y a pesar de la zozobra y el maremágnum burocrático, parece que he sobrevivido a la borrasca, así que cierro con cuidado la puerta de nuevo y, espero, definitivamente. Y aunque no condeno la estancia, porque ni puedo ni debo, no volveré a entrar, si puedo evitarlo. Porque ahora toca abrir otras puertas. Es el momento de aprovisionarme de nuevas llaves y explorar habitaciones nuevas. Mirar hacia delante y que el fardo que, aunque no lo parezca, llevo a la espalda y que estos días ha crecido un poco más, me resulte lo menos molesto posible para poder seguir adelante.


3 comentarios:

neoGurb dijo...

¿Por qué cerrar la puerta? Donde hoy aún encuentras dolor, en unos años encontrarás otras cosas, seguro. Que posiblemente haya dolor, seguro. Pero también habrá otras cosas, recuerdos valiosos que podrían quedar condenados si la puerta no se vuelve a abrir.

Teresa A. dijo...

Lo que merece la pena, lo bueno y valioso siempre va conmigo, Neo. Y así será siempre. Porque ya es parte de mi.

Anónimo dijo...

Yo creo que tanto lo bueno como lo malo va siempre con nosotros, queramos o no. Es imposible separar el grano de la paja, gracias a dios la mente humana tiende a quedarse con lo bueno y olvidar lo malo, pero solo aparentemente, los malos recuerdos son como los incendios, basta una pequeña chispa para encenderlos y esa pequeña chispa puede ser cualquier cosa, un lugar, una canción, un plato, una bebida, unos papeles, etc...

El tiempo lo único que hace es que ese incendio sea más corto, pero la intensidad siempre será la misma.

Vicent.