domingo, 5 de mayo de 2013

Yo, mi, me, conmigo


Estoy disfrutando, y digo bien, porque los estoy viviendo muy a gusto, unos cuantos días festivos que, incluso en mi situación sabática, son días de asueto y vacaciones. Aunque no trabaje, tengo obligaciones con horarios que de vez en cuando se ven interrumpidas por el calendario vacacional, y aunque sean elegidas y bastante ligeritas, obligaciones son. Y como tales, es un placer eludirlas, esquivarlas y gandulear un poco con el espíritu en modo no laboral. En mi caso, será casi una semana, ya que el lunes es fiesta en el pueblo donde vivo. Y aunque podría haberme ido por ahí, no lo he hecho. Me hacía falta un descanso en casa,  de ése cuasi vegetativo. De los de no hacer nada, pero nada de nada. De no mirar el reloj. Ni pensar cosas como "Tengo que planchar", "A ver si hago los deberes", "Debería escribir un poco, ahora que puedo". No. Mi yo anárquico pide paso, a codazo limpio, y ¿qué demonios?, me apetece dárselo. Soy libre, nadie me manda y tengo que aprovechar esta coyuntura por la que muchos matarían. Tengo la necesidad de sentir esa libertad, de poder elegir no lo que me conviene, ni lo mejor, sino lo que quiero. Sin pensar en las consecuencias, ni si es lo adecuado, ni lo correcto, sin tener en cuenta a los demás, sino pensando sólo en mí. ¿Habrá llegado el momento de ser egoísta y empezar a disfrutarlo? Me da que sí.

Desde que me quedé sola, intenté llenar mi tiempo y mi espacio, tan vacíos ellos, con actividades, gente y vidilla. Un poco a tontas y a locas, la verdad sea dicha, por el simple hecho de hacerlo, de no quedarme parada, de seguir pedaleando aunque no tuviera nada claro dónde quería ir y, ni siquera, si quería ir. Poco a poco he ido desbrozando el panorama, y lo que hago y cómo lo hago se ajusta más a mis deseos reales, no a lo que se supone que debes hacer cuando te quedas sola y no quieres que te coma la depresión y la miseria moral. Por ejemplo, el primer verano de mi nueva vida me lo pasé yendo de excursiones a la montaña con un grupo. El segundo, sólo fui a una. No me apetecía. De hecho, ni el primero tenía verdaderas ganas de ir, pero me obligué. Ahora sé que no volveré. Porque realmente no quiero ir. Y así con todo. Lo mismo con estos días de fiesta en los que si no te vas por ahí, parece que eres una muerta de hambre y una aburrida.

Este puente no he salido porque no me ha dado la gana, pero podría cerrar la boca a algún listo que me mirase con cara de pena con la foto que he hecho esta mañana, mientras paseaba a la perra. Desde mi pueblo, tan tierra adentro, he visto el mar...

2 comentarios:

Jean Bedel dijo...

Yo tampoco he salido este macropuente, pero lo he disfrutado igualmente. De hecho, cada vez me apetece más no salir. Y no pasa absolutamente nada, ni eres aburrido, ni eres un pringao. Cada uno disfruta como quiere. Y si toca hacer el seta en casa, pues fenomenal.

Calamidad dijo...

Iba a escribir un macro comentario, pero igual escribo una entrada al respecto. Sí, aunque no sé cuando. Resumiendo: a mí también me gusta quedarme en casa, cada vez más.