sábado, 17 de agosto de 2013

Letargo


Estoy muy sintética yo últimamente. Nunca he sido de muchas palabras, pero lo cierto es que ahora, menos. O lo mismo es que no tengo mucho que contar. O que me importa poco contarlo. Escribir no es una necesidad, en realidad nunca lo ha sido, más bien es un placer al que recurro cuando me apetece disfrutarlo. Algo que cojo y suelto caprichosamente, cada vez más, y eso hace que me sienta menos culpable cuando lo abandono. O cuando lo reduzco a la mínima expresión.

Pero bueno, hoy quiero contar eso, que tengo poco que contar. El verano, como siempre, hace mella en mi ánimo y en mi humor, en mis niveles de actividad física y cerebral. No tengo ganas de nada, el calor me reduce a la sombra de lo que soy, y lo único que me queda es dejar pasar el tiempo lo más tranquila posible, porque me va a dar igual ponerme nerviosa y desquiciarme. No es fácil, pero ahí ando. Soy activa por naturaleza, y esta pasividad inerte a la que me obligan las temperaturas altas, me aniquila. Así que, como los presos esperando salir, voy tachando días del calendario y, menos mal, cada vez quedan menos.

Como la lavanda, intento escapar del verano, pero no puedo. 


1 comentarios:

Jean Bedel dijo...

Lo mejor de escribir en estas bitácoras nuestras jefa es que, con perdón, nos las fornicamos cuando queremos, que dirían los viejos gurús de la blogocosa :-). Nuestros blogs lo aguantan todo, incluso largos letargos y ausencias justificadas o no. Están ahí cuando los necesitamos. Y que felicidad que así sea. Letarguea sin remordimientos! :-)