miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dejando hueco a dolores nuevos


El verano da sus últimos estertores, y así mi vida pasada sigue tirando hojas secas para dar paso a brotes tiernos que espero sanos y fuertes. La savia nueva ya corre por mis venas desde hace muchos meses, no tengo espíritu inmovilista, pero sigo arrastrando cosas, sobre todo cosas, que me atan al pasado. Y aunque el pasado nada tenga de malo en sí mismo, porque también es yo, sí que se puede convertir en un lastre si no lo integras, si lo llevas como un peso. Y a mí me estaba empezando a pesar mucho. Pequeños detalles domésticos que sin amargarme la vida no me dejaban tirar para delante. Ciertos objetos eran capaces de remover lodos profundos y dejarme tocada en la superficie. Y mucho. Y como hay problemas que se solucionan con una bajada al contenedor y una visita a Ikea, eso he hecho. Cambiar muebles. Tirar cosas. Hacer un poco más mía la casa, ese sitio donde paso tanto tiempo y que ya es sólo territorio mío y de la perra.

Supongo que he estado pasando por varias etapas psicológicamente necesarias, y ahora toca reafirmarme en mi independencia. Decir "Si me ha tocado la china, pues que sea con todas las consecuencias: a tomar por culo el pasado". Y no significa eso que esté olvidando lo bueno que vivi y a quien me acompañó. Pero sí que aprendo a mantenerlo apartado en un lado de mi cabeza, a la vista y controlado, pero intentando no tropezar con ello a cada paso que doy. Como me ha estado pasando todo este tiempo. Porque no es cómodo, ni práctico, ni sano. Ni hará que él vuelva. Ahora toca esto, y esto, mi vida en solitario, pide un escenario nuevo, renovado. Y en ello estoy. Cada vez quedan menos cosas a mi alrededor que me despiertan dolores pasados. Lo que tenga que dolerme ahora, que al menos sea nuevo.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Vaya manera de volver...


Septiembre ya va más que mediado, y yo sigo lánguida y rara. Me gustaría retomar el blog con un post optimista y lleno de planes y balance veraniego, pero no me sale. Llevo unas semanas con un estado mental desconcertante. Dispersa, medio tristona sin un motivo claro, incapaz de concentrarme en nada, sintiendo que el tiempo se me escapa entre los dedos y no lo aprovecho como tenía pensado, ni como es debido. Durmiendo poco y despertándome demasiado pronto. Soñando cosas raras y desasosegantes que me dejan mal cuerpo durante medio día. Me gustaría averiguar qué leches me pasa, pero no tengo ni idea de cómo hacerlo y, lo que es peor, me da miedo saber qué me pasa, no sea que no pueda solucionarlo y me angustie más.

Así que intento dejar pasar los días, a ver si llegan otros más normales y vuelvo a coger el ritmo. Sin esta sensación tan rara y tan difícil de identificar que me tiene a mal traer. Tengo motivos para estar contenta, y aunque no estoy triste, tampoco estoy bien del todo. Quizás deba acostumbrarme a este si es no es, pero no creo que pueda. No me gusta no entender lo que me pasa, más que nada porque si no lo comprendo, difícil puedo encontrarle solución. Así que sigo dándole vueltas, luchando contra esta desidia extraña y convencida de que, tarde o temprano, acabaré con ella.