lunes, 23 de diciembre de 2013

Que alguien me saque de aquí


Hace tiempo que dejé de adornar la casa por Navidad. Me desmotivó una familia nada amiga de la fanfarria navideña, que se reúne, se regala cosas o come a lo grande porque es lo que toca, pero no porque lo sientan de verdad, ni porque les apetezca lo más mínimo. Me pudo su falta de ilusión, y ahora soy incluso peor que ellos. Si pudiera esfumarme hasta el ocho de enero, lo haría. Porque en mí se ha cumplido eso de que estas fiestas son veneno cuando te falta alguien cercano. Doy fe de que lo son. Son días dañinos, en los que los recuerdos no son los más ponzoñosos, paradójicamente. Lo que más se clava es el presente. Y lo por venir. Ni está, ni estará. Nunca. Jamás. Y cada vez irán faltando más personas queridas, ley de vida, con lo cual será aún peor. Pero bueno, la ventaja de todo esto es que dura lo que dura, y pasa, hasta el año que viene. Así que vivo estos días horribles como un peaje que me cuesta pagar, pero que pago, cerrando los ojos y andando muy deprisa, para que pasen lo más rápido posible.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cara lavada

Porque a veces hace falta. Verse un poco diferente, aunque debajo esté la misma y todos lo sepamos. Sin embargo, un lavado de cara siempre refresca. ¿Y qué mejor momento para darle un nuevo giro estético a la ventana que el año nuevo que se avecina? Convertir lo cotidiano en algo a lo que mirar con otros ojos. O con los mismos, pero con una mirada diferente.

El mismo perro, sí. Pero de vez en cuando gusta estrenar collar nuevo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Desidia

Creo que no soy la única que anda desganada con el blog, la blogosfera languidece y la gente ya no escribe ni actualiza con el brío y la garra de antaño. Supongo que las cosas tienen su momento cumbre, y el de este espacio mío pasó hace mucho. Lo estoy comprobando al releer hacia atrás buscando posts para el audioblog. Mis días de gloria bloguera pasaron, es un hecho comprobable a golpe de calendario, y no puedo hacer nada por evitarlo. Recuperar las entradas que más me gustan y hacerlas escuchables sólo me está sirviendo para ser consciente de que o ya no tengo nada que contar, o he perdido el toque de cómo hacerlo. 

No cerraré, porque sé que puedo volver a encotrar la veta otra vez, cuando menos me lo espere. Pero voy a intentar no agobiarme al comprobar lo que es un hecho: ya no escribo como antes. Mis posts no son más que vueltas a lo mismo, a un intento de justificarme frente a mí misma, la primera, y frente a los que todavía se dejen caer por aquí. No quiero convertir el blog en el muro de las lamentaciones que ya es, así que intentaré callarme si no tengo nada mejor que decir. Y seguiré grabando los posts que sí merecen la pena y que me recuerdan que hubo un tiempo en que yo era una bloguera interesante.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Down

La tristeza a veces se presenta inesperadamente, sin motivo aparente, y te pega un empujón que te sobresalta más que la tristeza misma. No saber por qué estás de bajón, y sin embargo, estarlo. Y como no reconoces las causas con claridad, sentirte incapaz de superarlo, de solucionar los motivos de tu ánimo sombrío y desganado. Llevo bastantes días ya así, y no logro salir del bache, por más que lo intento. 

Si pudiera acostarme y dormir hasta que me despertara sin esta sensación de que todo va mal, me metía ahora mismo en la cama. Pero así no se arregla: ya lo he probado.