lunes, 21 de abril de 2014

De cuando el tiempo es tu amigo

El tiempo pasa como si le diera lo mismo. A pesar suyo y, sobre todo, a pesar nuestro. Da igual que nos resistamos, que intentemos retardarlo o adelantarlo. Y así debe ser, porque siempre terminas por descubrir, a toro pasado, claro está, que ese tempo que nos desquiciaba en un momento dado, era el adecuado. El que tenía que ser, y no otro. Puede que jamás seamos capaces de reconocerlo, pero es bueno que sea así. Que le demos igual al tiempo. Que siempre esté ahí, regular e igual a sí mismo, repetitivo e implacable, mientras que nos va dejando uno a uno en el camino. Sin pestañear.

En los últimos tiempos, yo he descubierto que ese tiempo que pasa y te cabrea, el mismo que puede llegar a pisotearte si no te apartas, también puede jugar a tu favor. Calladamente, durante meses, años incluso, sin que tú te lo propongas. Y un día, de repente, te pone delante de los ojos lo que fuiste, con las luces y las sombras que ya no te acompañan, con errores garrafales que dejaste atrás pensando que no lo eran. Y descubres que el tiempo, que parecía que pasara sobre ti y tu vida avasallador y sin piedad, no es ni mucho menos tan bruto ni tan sin tacto. Ha hecho su trabajo. Calladamente. Y bien. Dejando que te dieras cuenta tú sola de las diferencias entre el antes y el después. Porque era algo sólo lo podías hacer tú. Y que, sin embargo, sólo era posible que lo hicieras cuando el tiempo hubiese pasado sobre ti.

Ahora sé que no volveré a hacer ciertas cosas. Ni a permitir que me hagan otras. Me he vuelto más sabia, y más recia. Quizás menos flexible, pero también más resistente. Y se lo debo a que he podido mirar con distancia muchas cosas que jamás me había planteado que fueran equivocaciones. Y lo fueron. Y no volverán a serlo.

Así que no, al tiempo no le damos lo mismo. Nos cuida. Nos enseña. Nos marca el camino. Nos ayuda a seguir, empujándonos hacia delante. Sólo hay que saber (y querer) escucharle.



2 comentarios:

Jean Bedel dijo...

El tiempo, curioso elemento, que diría Pau Donés. Cuanta razón. A veces el paso del tiempo nos desespera y la impaciencia juega en nuestra contra, pero con perspectiva, te das cuenta que muchas veces ese tiempo que tiene que pasar para que pasen cosas, ese tiempo que hace falta para poder darte cuenta de situaciones vitales, todo ese tiempo, ese tiempo, es imprescindible que pase. Y pasa. Y efectivamente hace más bien que mal. (como me gusta que hayas vuelto a escribir jeferrima :-*****)

José Antonio Peñas dijo...
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