martes, 10 de junio de 2014

¡Vacaciones!

Llega de nuevo el fin de curso, y nuevo dejavu con los resultados. He aprobado, y con nota, el nivel Básico 2 de francés en la EOI. Sin estudiar apenas. Y, otra vez, me surge la duda: ¿apruebo porque vivo de las rentas del francés que aún sé y no he olvidado? ¿O voy pasando porque se me queda más de lo que creo lo que hago y escucho en clase? Lo más cómico de todo esto es que no pensaba seguir, pero visto lo visto, seguiré. Quizás algún día aprenda a gestionar mis inseguridades y mi agobio ante mi escasa capacidad de concentración, y logre disfrutar del curso hasta el último día. O no. Pero si voy aprobando, no tendría sentido dejar de ir a clase, cuando es yendo a clase donde disfruto de verdad. En fin, que no tengo remedio, que dije que lo dejaba y al final no lo dejo. Voy dando bandazos, decidiendo una cosa hoy y cambiando de idea al cabo de dos días. Menos mal que nadie me pide cuentas...

En cambio, el cansancio está ahí, físico y mental, y no sólo por el final de curso, tenso y con poca fe en mis posibilidades, sino porque los dos últimos meses han sido un no parar de ir a médicos. Todo leve, pero muy agotador. Desgasta horrores tener la agenda llena de citas médicas, una semana si, y la otra también. Me agobia, me entristece y saca de mí la hipocondríaca que no pensaba que llevaba dentro. Necesito mirar la agenda y no tener ninguna revisión o visita al dentista a la vista. Y eso está lejos, de momento. 

Pero, qué demonios: estoy de vacaciones. Y las mías son de las escolares. Hasta octubre no volveré a verme inmersa en mis rutinas de obligaciones, así que ahora toca disfrutar. Sin más. Más vale que me vaya entrando de una vez en la cabeza.