martes, 30 de septiembre de 2014

Autumn is falling

El verano empieza cuando saco los cojines de las sillas de la terraza. El otoño, cuando envuelvo los muebles en plásticos. Es así. Ni hojas secas, ni calendarios, ni colegios, ni nada.

Sin embargo, el calendario me grita que, si tengo algo entre manos, me apresure a liquidarlo, porque esta semana es la última de "vacaciones". Es decir, sin clases. Desde el lunes que viene, empiezo mi rutina en la Escuela Oficial de Idiomas (EOI, de ahora en adelante), donde ya entro en el nivel Intermedio 1. Muy bajo, teniendo en cuenta la soltura que tengo leyendo y hablando el idioma, pero totalmente adecuado en tanto que no tengo ni idea de gramática y escribir sigue siendo un pequeño suplicio que eludo siempre que puedo. No necesito para nada saber escribir en francés, pero ya que tengo una buena base oral y dispongo de tiempo, me parece coherente intentar equilibrar mi dominio del idioma. Y, por qué no reconocerlo, imponerme una rutina externa de obligaciones (ir a clase dos días por semana, hacer deberes...) que mi natural anárquico necesita. Tiendo a la dispersión, así que aunque luego me lamente y me queje de mi escasa capacidad de concentración y del agobio de los exámenes, sé que en el fondo me hace bien ir a clase y estudiar.

Ya tengo terminada mi lista definitiva para el Proyecto 333. Como esperaba, se me ha quedado pequeña, y he tenido que sacar los bolsos y los abrigos, de manera que si sumo todo el total es de cuarenta prendas.. ¡Al final voy a ser toda una fashion victim! Me da rabia no haber sido capaz de incluir bolsos, abrigos, bufandas y gorros, como mandan las reglas, pero me angustiaba quedarme con pocos pantalones o escasez de camisetas. Y como esto de la simplicidad es para ser más feliz, no para sufrir, pues nada, lo he adaptado de mis necesidades. La cosa no está en ser más papista que el papa, evidentemente, sino en replantearte qué tienes, hacer limpieza de lo inútil (que la he hecho) y no comprar al tun-tun. Está claro que este año voy a hacer poco gasto en textiles y complementos. Salvo que me regalen ropa o bolsos, pasaré de sobra con lo que tengo ya. O sea, que el objetivo minimalista-simplificador se cumplirá de igual modo con cuarenta prendas que con treinta y tres.

La cosa simplificadora se va extendiendo sin casi proponérmelo por otras áreas de mi vida. Y me gusta. Quizás porque siempre he tendido a eso, y ser consciente ahora mismo de ello es reconocerme un poco más. Y me gusta.

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