miércoles, 17 de septiembre de 2014

Vuelta a la normalidad

Sí. Porque mi normalidad, que ya no es tal, pero sigue siéndolo, empieza y termina en el final e inicio del verano. No soy una persona que disfrute del calor. No me gusta el agua, ni tomar el sol, ni siquiera estoy acostumbrada a la rutina de salir de vacaciones. Ser pobre cuando eres pequeña es lo que tiene, que te acostumbras a la austeridad. Primero, envidias a los que pueden permitirse el lujo de irse. Luego te haces a lo que hay. Finalmente, disfrutas de quedarte. Yo ahora estoy en esa fase en la que no necesito irme. Así que el verano se convierte en un paréntesis obligado caluroso y aburrido del que sólo tengo ganas de salir lo antes posible. Pero tiene la duración que tiene, y su fin coincide, aunque las temperaturas a veces digan lo contrario, con el comienzo del curso escolar. No del mío, que empieza en octubre, pero eso ya es lo de menos. Septiembre es mi año nuevo, el mes de empezar agenda y preparar lo que será el resto del año, y eso ya lo hace simpático para mí, que tanto me gusta planificar y organizar. Y en ello estoy. Pensando cómo voy a distribuir mi tiempo cuando vaya a clase. Valorando simplificar mi vida realmente. Y digo bien, porque la idea del minimalismo lleva tiempo bullendo en mi mente, aunque sin haberle puesto nombre ni definición. Es sólo que ahora me he dado cuenta de que hay todo un movimiento de lo más activo ahí fuera que piensa y actúa igual que yo. No, no soy nada original, me temo. Y en ello estoy, con todo eso en la cabeza y además preparando mi primer trimestre en el Proyecto 333, Me apetece la idea de quitar lo que sobra y quedarme con lo realmente importante, lo que valoro de verdad. De un tiempo a esta parte, me pesan demasiado muchas cosas, no todas ellas materiales, pero sí bastantes. Y creo que aligerar lastre físico será un buen comienzo para aligerarme también mentalmente.

Sí. Sigo cambiando. Y creo que eso es bueno, porque es para mejor.

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