jueves, 1 de enero de 2015

Otra vez fin

Un nuevo año asoma la patita y de nuevo me planteo las dos posibilidades extremas: dejar definitivamente de tener un blog personal al que apenas dedico tiempo y energías, o ponerme las pilas y volver a activarlo y a revivirlo. Quizás la primera opción fuese la más coherente, viendo el agónico ritmo y la regulera calidad de posteo de los últimos tiempos. Pero no soy capaz de tomar la decisión y echar el cerrojo de una vez. Me puede el horror vacui que me produce la sola idea de ser una persona sin blog personal. Luego, la realidad me da la bofetada y me demuestra que todo es más sencillo: lo que me pasa es que no tengo gran cosa que contar, y por eso no escribo. Lo que tengo que decir ya lo digo antes en otros soportes, así que cuando me planteo escribir un post me sueno demasiado a mí misma, me aterra ser redundante y cansina, y no escribo. 

Y sin embargo, se me hace tan cuesta arriba pensar en mí misma sin un rincón donde contar mis cosas... Pero lo cierto es que un blog tan moribundo como éste, no es un blog vivo. Explico la perogrullada: un blog necesita ser leído, esperado, comentado. Necesita lectores que lo animen. Este espacio está muerto, a nivel de público. Dudo mucho que quede algún lector que se pase por aquí, o que recuerde que hubo un tiempo en que Teresa, la de la ventana, escribía. Y los pocos que vienen, no comentan. Un blog con comentarios vacíos es un blog con eco. Soledad y aburrimiento. Para el que pasa y sólo oye sus propios pasos, y para el que escribe, que entra quitando telarañas. Así que me encuentro en una encrucijada extraña, pero clara: mi blog está muerto. Si vuelvo a escribir, esto se habrá convertido en un diario de los de antaño, sin más lector que yo misma. ¿Quiero eso? Pues no lo sé. Voy a reflexionar al respecto. Quizás si defino lo que realmente ha llegado a ser esto, sepa cómo manejarlo y encauzarlo para que tenga sentido o deje de tenerlo porque no da más de sí.

Seguiremos informando.

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