jueves, 16 de abril de 2015

Mi vida con bici

Soy muy amiga de los retos. De los desafíos. De los "No hay huevos". Desde siempre he pensado que si alguien puede hacer algo, eso quiere decir que ese algo puede hacerse. Y si alguien lo hace, ¿por qué no podría yo también? No siempre funciona, claro está, pero sí que lo hace la mayoría de las veces. Y si no logro hacer esa cosa, al menos lo he intentado y ya me quedo tranquila sabiendo que eso no es para mí.

El último NHH al que me he enfrenteado era a priori facilongo: usar la bici durante todos y cada uno de los días del mes de abril. Sencillo, ¿no? Sé montar en bici. Me enseñó mi padre cuando tenía 7 u 8 años. Tengo bici. Eso sí, la pobre ha estado muerta de asco en el cuarto de las bicis durante lustros. Una híbrida que estuve a puntito de vender, pero que al final conservé no sé por qué, ya que me compré una plegable y me parecía absurdo tener dos. Afortunadamente recapacité y lo dejé estar, porque ahora me estoy dando cuenta de lo buena que es, lo bien que funciona y lo a gusto que voy en ella. La plegable, por el contrario, duerme el sueño de los justos colgada de un gancho, porque lo cierto es que al lado de la grande no tiene nada que hacer, en cuestión de comodidad, velocidad y seguridad. Así que, con la tontería, resulta que he redescubierto a mi vieja bici, y cada vez que me subo a ella doy gracias por no haber cometido el error de deshacerme de ella como un lastre más del pasado.

La cosa es que, superada ya la mitad del mes, tengo que reconocer que la experiencia ha sido una total y absoluta revelación. Un "Pero ¿qué he estado haciendo hasta ahora?" Me está encantando usar la bici para moverme por todas partes, no me acobarda el tráfico, me atrevo con las distancias largas (mi máximo han sido 8 kms. de ida y vuelta), me dan igual las cuestas, y he descubierto que pedalear con lluvia tiene también su aquel (ese ruidito de las gotas en la capucha del chubasquero...). En resumen, que abril terminará dentro de dos semanas, pero yo ya no voy a bajarme de la bici. El coche quedará reservado para cuando salga del pueblo o cuando lleve bultos o a la perra comigo. Ni siquiera me planteo no salir si se me va a hacer de noche: me he comprado un juego de luces y un chaleco reflectante.

Moraleja: nunca descartes nada. Pero nada de nada. Ni lo más descabellado.

Podrías perderte muchas buenas sorpresas.