martes, 29 de septiembre de 2015

Dejavu

Hace unos meses decidí dejar de divagar sobre mí misma y dejar de lado un poco este blog tan personal, para pasar a tomarme en serio mi gusto por la cocina y las cosas relacionadas con lo gastronómico. Abrí otro blog, compré un dominio y puse en marcha incluso una página de Facebook para dinamizar un poco la cosa (¡Yo, que siempre he odiado FB!). Me apetecía darle un aire más "profesional" a una afición que ya ocupaba buena parte de mi cabeza y mi tiempo. Hacer de ello algo parecido a un trabajo. No ha funcionado. Llevo desde finales de agosto sin escribir en Gastrocosas. Tampoco estoy sacando recetas nuevas en Chez Thérèse. Sigo leyendo e investigando sobre esos temas, pero me lo paso mejor viendo lo que otros hacen mucho mejor que yo que arremangándome y esforzándome en mejorar lo mío. Organizo agendas y escribo listas inútiles que, en el fondo, sé que no voy a cumplir. Me desespero inútilmente, pero por más que lo intento no consigo la disciplina necesaria para hacer de Gastrocosas algo mucho más sólido. No tengo espíritu comercial, así que no lo muevo por el mundillo del sector. No sé llevar las relaciones públicas y el marketing se me escapa. Lógicamente, no me entero de muchos eventos hasta que leo sobre ellos, y otros que sí veo pasan delante de mis narices sin más, porque no me invitan. 

También ando algo apática con el tema de los podcasts. No me apetece grabar como antes. De hecho, vuelvo a oir mucha más música. Y lo que cuentan otros me resulta mucho más interesante que lo que yo pueda decir. 

Y así llevo un tiempo, envuelta en un círculo de desidia, remordimientos y, a la postre, inactividad, del que no me siento capaz de salir. Que, mira tú la ironía del destino, me ha traído de nuevo a este rincón, al que siempre termino volviendo para pensar en voz alta y ver negro sobre blanco todo eso que me atormenta mientras no lo escribo. Da igual cómo se llame: está claro que necesito poder escribir mis miserias y mis angustias, y no, no me sirve hacerlo en un word y guardarlo en el ordenador. Y francamente, no entiendo la diferencia, porque debido a mi irregularidad escribiendo, cada vez pasan menos lectores por aquí. Desconozco las razones, pero sé que cuando le dé al botón naranja de "Publicar",me sentiré inexplicablemente un poco mejor. 

Supongo que todo es cuestión de oír tu voz más allá de las paredes de tu cabeza. De mirar esas palabras como si fueras alguien ajeno. Dejar entrar un poco de aire cuando un asunto se enrarece tanto dentro de ti, después de darle demasiadas vueltas con escaso éxito.  Desdoblarte y mirarte como si no fueses tú la que lo cuenta, para quizás, sentirte menos sola.

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