domingo, 7 de agosto de 2016

Un mes sin compras/1

Siguiendo la estela de Mirichán en mi cruzada minimalista simplificadora, decidí tomarme agosto como ese mes en el que no compraría nada que no fuera necesario. Nada de nada, exceptuando comida, productos de limpieza y aseo personal y medicamentos (míos y de la perra). En plena época de rebajas. Añadiendo dificultad al asunto. Pero ¿quién dijo miedo? De natural no soy demasiado consumista ni caprichosa, quizás un poco en el tema de libros, pero aún así, sí que caigo en el capricho barato, o en "lo compro para más adelante, que no se pone malo y está muy bien de precio y luego no lo habrá". 

Mi primera semana de austeridad consumista ha sido buena. Muy buena. Estuve comprando varias cosas que necesitaba de productos de aseo en Lush y al final he devuelto todo porque no me convencía y/o no me funcionaba, así que un gasto inicial de casi 40 euros ha quedado reducido a menos de 5. Por lo demás, nada de nada. He tenido alguna tentación de irme a mirar tiendas, por curiosidad, pero al final nada. No porque no pudiera frenarme en un momento dado, sino porque ¿para qué pasar un mal rato inútilmente? 

A principios de año, apliqué en casa el famoso método Konmari de organización, con muy buenos resultados. Eliminé mucho, pero casi medio año más tarde me estoy dando cuenta de que puedo darle otra vuelta al asunto y quitarme algunas cosas más. No muchas ya, pero algunas que me estorban. Pero lo más importante es que soy consciente de que aún así me quedan muchas cosas que sí quiero, que uso y me gustan. Muchas cosas que hacen aún más fácil no caer en la tentación de comprar nada más. Porque lo bueno no es aprender a tirar y desembarazarte de lo inútil, sino no llegar a meterlo en casa. Yo estoy en esa etapa.

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