domingo, 14 de agosto de 2016

Un mes sin compras/2

Segunda semana de agosto y de este reto de vivir sin comprar caprichos y/o cosas superfluas o no imprescindibles. Aprovechando esta austeridad autoimpuesta, he dado una vuelta a mis armarios de ropa, y de paso, he "konmarizado" de nuevo todo mi vestuario, eliminando una bolsa de basura que doné al contenedor ese que termina vendiéndolo. Llevo un año o así haciendo (o medio haciendo, porque al final siempre meto alguna prenda más...) el armario cápsula del Proyecto 333, y como quiero seguir con ello y hacerlo con más rigor, decidí fotografíar todas las prendas (excepto las de deporte y la de estar en casa y dormir) y meterlas en una de esas aplicaciones de ropa y conjuntos (me niego a usar el palabro "outfit") para centralizarlo todo y organizarlo mejor. La aplicación que encontré, gratuita, se llama Stylicious.

O sea, que en el tema ropa sigo sin tener tentaciones, a pesar de las rebajas, porque al catalogar todo el contenido de mis armarios y cajones, he visto que tengo mucha ropa que me gusta y que me pongo, así que no necesito nada. Esta semana tuve que comprar un regalo de cumpleaños y estuve en varias tiendas de ropa, pero fui directa a mi objetivo, y ni siquiera miré nada que no fuera eso. Sin forzarme, simplemente no me apetecía nada. 

No he repuesto el gel y el champú que devolví a Lush, por cierto. De momento, uso jabón de manos y la gelatina de ducha de Lush, y como champú, uno de tratamiento de Klorane, para curar, precisamente, la irritación que me produjo el que devolví. 

Mis dos únicas compras extraordinarias han sido una percha de las de colgar detrás las puertas y el periódico de ayer. ¿Imprescindible? No, por supuesto. La percha sí que era necesaria desde hace meses, así que creo que no entra en la categoría de caprichos, sino de "domésticos". "El País" lo compré porque siempre lo compro el segundo sábado de cada mes, ya que trae el suplemento "Buena Vida", y me gusta mucho. Ni siquiera me di cuenta, hasta ahora que estoy escribiendo este post, que me salía del reto al comprarlo. 

¿Balance mental? Malo. No echo de menos comprar ciertas cosas o caprichos, pero me molesta mucho la sensación de sentirme prisionera de mí misma y mi autoimpuesta austeridad extrema. De medir cada acto. De bloquear cada deseo. De frustrarme yo sola sin necesidad. No voy a seguir otros quince días, no porque quiera fundir la tarjeta de crédito en las rebajas esta misma tarde, que no lo haré, pero sí porque me siento tonta escatimando y midiendo cada pensamiento consumista, como si no tuviera dinero o me fuera a regañar mi madre. Soy libre y me gusta sentirme libre. Tengo dinero y quiero poder disfrutar de él si me apetece, sin sentirme culpable ni mal, como me estoy sintiendo la mitad del tiempo desde que empecé el reto.

Mi conclusión es que no soy gastosa por naturaleza, por crianza y por ambiente, pero precisamente por eso, porque he tenido épocas de escasez y obligada austeridad, me duele y me angustia tanto autolimitarme de esta manera tan radical ahora que puedo. Es como si alguien que ha pasado hambre durante años de pronto tuviera comida en el frigorífico, pero no se atreviera a tocarla. No me sale derrochar, y menos ahora que ando tan minimalista y simplista en cuanto a lo material. Pero no puedo evitar sentirme incómoda conmigo misma, muy estúpida cuando corto de raíz los pocos caprichos que tengo. Estoy casi a la mitad de mi vida. Quiero disfrutarla y sí, eso incluye gastar, y volverme un poco loca alguna vez. Y no creo que sea malo. 

Así que, abandono el reto de un mes sin compras en el ecuador del mismo, hoy domingo, 14 de agosto de 2016. Lo siento, Mirichán... 

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